JORGE GARCÍA PALOMO Autogasa El padre y su cuñado comenzaron la aventura empresarial con un pequeño taller mecánico de reparación y venta de todo tipo de maquinaria, automóviles y vehículos industriales, además de otro taller en el que se fabricaban puertas metálicas. Hoy, la segunda generación continúa con aquella empresa que dio los primeros pasos con Florentino García
VALLADOLID- Existen dos formas de sucesión en al empresa familiar: la sucesión 'mortis causa' y la segunda sucesión planificada, que se traduce en una concesión paulatina del poder por parte del fundador o titulares a la generación siguiente. Evidentemente, la primera suele ser más traumática que la segunda, aunque la segunda es más prolongada en el tiempo. A Jorge, como a otros muchos empresarios familiares, le tocó hacerse cargo de la empresa familiar -por la primera vía. La sucesión por muerte repentina del sucesor hace madurar más deprisa. Si se está estudiando se corta la carrera, cuesta más hacerse cargo del «timón», ya que siempre se cree que aún no era el momento adecuado y, en fin, la situación te pilla totalmente desprevenido. —¿Cree que es la muerte del antecesor o del fundador, la mejor forma de suceder en la dirección de la empresa familiar? —Evidentemente no. Siempre es algo traumático. Aunque de pe-. queño se haya convivido con el negocio familiar, nunca uno está preparado para asumirlo de forma repentina, cuando aun eres demasiado joven para heredarlo- Mi padre, cuando yo era pequeño, siempre me llevaba a la presentación de los nuevos vehículos y en las vacaciones venía por el taller. De ahí a tener que hacerme cargo de la empresa a los veinte años, a mitad de mis estudios de Empresariales, de repente y sin la preparación adecuada por que mi padre falleciese, va un abismo. Me hubiera gustado que la sucesión hubiese sido planificada y asumida paulatinamente. Esto fue en el año 1985. Tuvimos que solucionar los trámites de la sucesión de forma urgente ya que mi padre padeció una grave enfermedad, aunque corta, y constituimos una S.A. participada por mi madre y mis dos hermanas. —¿Cuándo surgió este negocio familiar? —Se inició cuando mi padre en 1957 abrió con su cuñado un pequeño taller mecánico cíe reparación y venta de todo tipo de maquinaria, automóviles y vehículos industriales, y otro pequeño taller metalúrgico en el que fabricaban puertas metálicas, llamado Talleres García. Estuvieron juntos durante veinte años, pero mi tío llevaba a mi padre diez años de diferencia por lo que quiso retirarse, y para evitar que la segunda genera-ción pudiera tener problemas, decidieron separarse en 1977. Mi padre se quedó con el taller mecánico y la venta de automóviles y vehículos industriales y mi tío con la carpintería metálica. En 1985, con la muerte de mi padre, pasamos unos momentos muy delicados hasta que me hice con las riendas. En 1993 transformamos la S.A. en S.L., que es más manejable, y compramos a nuestra madre su parte de tal forma que en la actualidad somos propietarios de la empresa familiar mis hermanas Pilar, Esther y yo, por partes iguales. —¿Qué valores recuerda del fundador de su empresa familiar? —Mi padre era una persona extrovertida. agradable, seria y honesta- Yo diría que el típico comercial de los años sesenta del siglo pasado- Cumplía su palabra y consideraba al cliente un amigo. Era muy tenaz en el trabajo y tenia una gran capacidad para «aguantar» algún cliente quisquilloso. Recuerdo de pequeño haber venido al taller en vacaciones a trabajar, y los fines de semana. Cuando las fábricas presentaban los nuevos vehículos, también me llevaba a Madrid, y me gustaba. Creo que mis hermanas y yo hemos heredado esas cualidades. —¿Qué criterios seguiría para incorporar a su empresa familiar a tos futuros sucesores? —Por mi historia personal me gustaría incorporarles una vez planificada la sucesión. Que tuvieran formación universitaria, pero que empezasen a trabajar desde el taller. Ahora bien, si decidieran trabajar en otra empresa, no se lo impediría, si ello supone un mejor desarrollo profesional. No he pensado en qué les exigiría; al menos que les gustase y que fueran responsables y trabajadores. —¿Tienen otros negocios colaterales a la actividad principal? —Aprovechando lo que ahora se denominan sinergias, en 1991 creamos Segarpa S.L., que es una correduría de seguros. Los clientes, cuando compraban un coche, querían salir con él puesto, como cuando compras unos zapatos nuevos pero ésta es una inversión personal muy fuerte, que suele ser la segunda tras la compra de una vivienda, y es tanta la ilusión que se tiene, que es inevitable que el comprador salga del concesionario con el vehículo, pero todos saben que hay que circular con el seguro obligatorio y para comodidad del cliente, pues decidimos facilitarle los trámites del aseguramiento. Así surgió esta nueva empresa. La correduría la gestiona mi hermana Pilar, mientras que Esther y yo estamos en el taller y venta de vehículos turismos e industriales. —¿Qué virtudes destacaría de la empresa familiar? —La del arraigo en la zona donde está implantada. Eso no sólo es propio de nuestra empresa, sino de todas las empresas familiares. No me imagino vendiendo automóviles en un concesionario de Marruecos, aunque como somos de Iscar, tampoco me extrañaría mucho. Pero lo cierto es que la implantación en zona propia de la empresa familiar es una de sus principales características. Los clientes son amigos, a los empleados les conoces desde niños y, si se tuviera que hacer una regulación de plantilla, no serían un número de operario, sino personas con un grave problema a las que hay que ayudar a encontrar otro puesto u otro medio de vida. Eso no lo hacen las multinacionales extranjeras- Por otra parte el trato al cliente es más personal y directo en las empresas familiares, ya no se trata sólo de vender un vehículo, sino de dar un buen servicio de posventa. —¿Alguna anécdota? —Sí, recuerdo hace años que un cliente me pidió que el color de su vehículo fuera «un gris claro que sea un poco oscuro». Evidentemente tuve muchas dificultades para encontrárselo por catálogo, al final estuvo conforme con el color. Pues a pesar de ese colorido tan extraño, a la salida del concesionario, el cielo de Iscar era espléndidamente azul, y destacaba en la lontananza el Castillo. Cada vez se percibe que una de las claves de este enclave, es su laboriosidad. Tienen horarios europeos: pronto por la mañana, a las 13 horas a comer y a las 15 horas vuelta a la nave hasta las 19 horas. Una vez más, queda claro que una de las características principales de este enclave es la laboriosidad: —Yo trabajo de 8 a 15 h. —Es buen horario. —No amigo, no. Trabajo de 8 a 15...horas diarias.
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