RAFAEL SAN MIGUEL CUELLAR La Iscariense Empezó a trabajar en la empresa familiar en el año 1994 para realizar trabajos de todo tipo, desde cargar camiones hasta seleccionar patatas. Hoy, Rafael San Miguel Cuéllar es el administrador y gerente de una sociedad dedicada a la fabricación de patatas fritas y frutos secos que factura entre tres y cuatro millones de euros al año ANTONIO SASTRE PELAEZ
VALLADOLID— No hace falta marcharse a las selvas tropicales de Colombia ni hablar con «Juan Val-dés» para encontrar tostaderos de semillas aromáticas en tierra de pinares y en la provincia de Valladolid. Es curioso que desde 1908 a uno de los tatarabuelos de Rafael San Miguel, actual gestor de La Iscariense, llamado Isidro Ballesteros, junto con su hermano Marcos, se les ocurriera construir un tostadero de achicoria, ese sustitutivo del café. La achicoria forma parte de la historia industrial de Iscar, según titula el cronista de la villa Pedro Hernansanz Malilla. Destaca las propiedades dietéticas y diuréticas de esa infusión: combate la hipertensión, contribuye al descenso de glucosa en la sangre de los diabéticos, a la vez que ayuda al corazón, etc... (congreso de historia de la medicina, Bruselas 1966) según, comenta el indicado cronista en una publicación facilitada por Rafael. No es precisamente Rafael San Miguel un empresario entrado en años, a punto de ceder el cetro empresarial a su prole. Por el contrario, es un joven empresario, que podía, por estatura, estar militando en los Bulls de Chicago de la NBA a modo de Gasol. Y, por cierto, Rafael es el capitán y directivo, en ratos libres, del Iscar Club de Baloncesto. P.— Casi cíen años de tradición familiar ¿cuáles fueron los orige^ nes de su empresa? R.—E1 negocio lo inició un tatarabuelo entre 1908 y 1914, con la achicoria que cultivaba, deshidrataba, tostaba y vendía por toda España, desde Cádiz hasta La Coru-fia. La achicoria es una planta, inicialmente silvestre, que como infusión tiene una historia muy antigua. Volviendo a la empresa, como decía, los recuerdos más claros los tengo de mi abuelo Cándido San Miguel Herranz, quien siguió con el tostadero industrial de achicoria fundado por su padre. En 1950 mi abuelo Cándido incorporó al negocio de la achicoria a mi padre Jesús, potenciando la labranza y el tostadero e ideando el negocio de las patatas fritas. Era el boom de la achicoria. También montó un taller de automóviles. El hermano de mi abuela, Julián Ballesteros, murió en 1980 y sus hijos estaban todos trabajando como profesionales con éxito, fuera de la Iscariense y nadie se quería hacer cargo de ese negocio. Mi padre llegó a un acuerdo con sus primos comprando la actividad industrial y arrendando a sus primos los locales. En 1990, finalmente, mi padre compró los locales de casi 4.000 m2 y al año siguiente constituye Jesús San Miguel Ballesteros C.B. junto con mi Madre María de los Angeles y mis hermanos. El pueblo de Iscar va creciendo y las instalaciones van quedando rodeadas por urbanizaciones de viviendas, lo que va complicando cada vez más el crecimiento de la empresa. En 1996 se decide finalmente crear unas nuevas instalaciones en la carretera de Cuéllar, donde actualmente se desarrolla la actividad. P.—¿Cuándo se incorporó a la empresa familiar? R.—Aunque en tiempos de estudiante solía echar una mano durante las vacaciones de Verano, no es hasta 1994 cuando me incorporé, una vez terminada mi carrera de empresariales y cumplida la mili. Inicialmente realizaba trabajos de todo tipo, como cargar camiones, seleccionar patatas, etc. Había mucho trabajó y se ayudaba donde hiciera falta. P.—¿Cuál cree que ha sido su mayor aportación a la empresa y a las relaciones familiares? R.—He ayudado a formar el equipo que junto con mis hermanos hoy dirige la empresa. Hemos intentado repartir las tareas en lo que en lo que creo que nos sentimos más a gusto. Hemos gestionado la empresa para relanzarla y hemos logrado alianzas con socios extranjeros para proyectos presentes y futuros. Hemos conseguido ayudas para realizar nuevas inversiones y como objetivo de la em-presa está el crecer en el mercado exterior. Creo que las virtudes de este equipo son el respeto mutuo y la toma de decisiones consensuadas entre todos sus miembros. P.—¿Existe todavía influencia del fundador en la actividad cotidiana de la empresa? R.— Nuestro padre, ya jubilado, aún visita la empresa a diario y está al tanto de la actividad cotidiana con tanta ilusión como el resto del equipo. • P.—¿Qué criterios se siguen en la empresa para la incorporación de los sucesores y cuáles son los planes de futuro de La Iscarienses? R.—Me gustaría que la empresa siguiera en manos de la familia, garantizando así su continuidad, aunque si los sucesores eligen desarrollarse profesionalmente fuera de La . Iscariense, lo aceptaré. Ahora bien, para incorporarse me gustaría que estuvieran preparados y formados, su incorporación ha de ser voluntaria y deberá ser desde abajo, a pesar de que tengan títulos universitarios, realizando trabajos manuales en todos los departamentos antes de acceder al puesto para el que se hayan preparado. Ese es, sin duda el mejor camino para conocer la empresa. Actualmente estamos constru-. yendo una nueva fábrica para la elaboración de achicoria junto con unos socios. El proyecto con una inversión total de 3,2 millones de euros está fundamentalmente dirigido a la exportación, se está realizando en Valledado, Segovia, e implicará la siembra de más de 300 hectáreas de achicoria para la campaña 2.005-2.006, por lo que supondrá en la comarca una importante alternativa a otros cultivos. Uno de los factores por los que hemos decidido crearlo en Vallelado es el hecho de que mi madre es de allí. Es la gran ventaja del empresario familiar: invertimos y generamos riqueza en nuestra tierra.
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